Sicilia en Juarez, junio 10

Por Jaime Pérez Mendoza

Ciudad Juárez, Chih., 10 de junio de 2011.- Cuando llegó la Caravana por la Paz y la Dignidad, la tarde fronteriza era  como la sueña todo poeta. Fue  la tarde de Javier Sicilia: los martillos formidables del ocaso pusieron al rojo la plancha caliente del horizonte. Y fue lo que encontró precisamente el impulsor principal de una titánica tarea que apenas comienza: un ambiente de calidez en los corazones de cientos de juarenses  que salieron a las calles para gritar no solamente “estamos hasta la madre”, pues el clamor fue otro  y unánime: no vamos a permitir impunidad, complicidad ni corrupción.

No tiene sentido jugar con el número de asistentes: los congregados en la glorieta del kilómetro 20, ante el monumento a Benito Pablo Juárez García, representan a la ciudad de los desamparados.  Y quienes recorrieron el país con la meta de firmar aquí el Pacto Nacional  por la Paz encarnan genuinamente la dignidad arrebatada, la época miserable de la barbarie, la violencia, la injusticia y la impunidad que sufre la nación mexicana.

¿Por qué callan los medios masivos? Es la pregunta que se hacen los amantes de la paz en esta ciudad, epicentro del dolor, como la bautizó acertadamente el poeta Sicilia.

Tarde de pancartas con frases que sintetizan magistralmente el dolor de una sociedad  que sufre los efectos de la violencia y la actitud arrogante y soberbia de gobernantes mediocres:

“Enfermero Abdiel Fernández, asesinado artera e impunemente, te amaré toda la vida”.

“Justicia para nuestros muertos”.

“Busco a mi hijo Calep Palacios Isidro, autoridades despierten!!!”,  sujetada por las manos humildes de una madre que no encuentra la puerta de la justicia.

“En Juárez no se vive, se sobrevive”.

“Vivir en Juárez es resistir”.

“¡Basta!”

“No a la Cultura de la Muerte”.

“Paz y Justicia ante la masacre de inocentes”.

“La tarea de construir la justicia con paz y dignidad en México es tarea de todos los que no que queremos la guerra”.

“Justicia, su deuda con Armando Rodríguez El Choco, su deuda con Chihuahua”, manta portada dignamente por Blanquita Martínez Vda. de Rodríguez y sus hijos.

“¿Por qué duerme mi hijo sin sueño?”.

Y noche de viento fresco en el parque de Villlas de Salvárcar, donde predominó la palabra con sustento de vida y dignidad. El recuento de los daños, más allá de las notas periodísticas y de los expedientes burocráticos.

Como las palabras en torno a la dolorosa historia de Sara Cecilia Dávila Barrón, de 26 años de edad, quien murió el pasado miércoles 1 de junio,  en la clínica 66 del IMSS, tras recibir un balazo en la espalda cuando protegió a su pequeño hijo de un grupo de asaltantes en la sucursal Jilotepec de Banco Santander, que asesinaron también al custodio y dejaron heridas gravemente a dos mujeres.  O el testimonio de Olga Reyes Salazar, integrante de la familia perseguida y masacrada en el Valle de Juárez. Y las palabras de representantes de diversas regiones del país que lloraron por sus aterradoras experiencias que aluden a un país de miedo social inocultable.

Noche de testimonios que culminaron con el recordatorio de los seis puntos que dio a conocer el poeta Javier Sicilia en el Zócalo de la Ciudad de México el pasado 8 de mayo

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Acerca de Gilberto Lozano
Fundador del Congreso Nacional Ciudadano

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